1. Incrementar tu vida de oración y tu vida sacramental, principalmente la recepción de la Eucaristía y la confesión, así podrás disponer mejor tu alma a escuchar lo que Dios te vaya pidiendo. 2. Tener comunicación frecuente con tu director espiritual o con el sacerdote que te esté orientando o ayudando para ingresar al seminario. 3. Mantenerte en contacto con el seminario para poder participar en el proceso vocacional que te permita ir dando los pasos necesarios para entrar el próximo curso 4. Aprovechar tu tiempo en trabajar o estudiar siguiendo tu carrera si es que ya las habías empezado o, si no habías entrado todavía a la universidad, estudiar algo que te pueda servir después como idiomas, computación, etc En general cuida tu alma y tu vocación, para ello no la expongas. Ten presente que es un tesoro que no todos aprecian, por ello, cuídala.
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y un sacerdote te responderá pronto.
¡Que Dios te bendiga!
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