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Pescadores de hombres 1ª parte

Discernir la inquietud vocacional: medios

Sentir la inquietud vocacional no es un signo definitivo de que se tiene vocación. En otras palabras, la inquietud vocacional debe ser confirmada. Es preciso discernir si esa inquietud es auténtica. ¿Cómo puedo discernir la autenticidad de una inquietud vocacional? Hay varios medios.

El primer medio es la oración. Esta oración puede ser de dos tipos: de súplica y de diálogo. El primer tipo consiste en pedir a Dios que nos ilumine para conocer su voluntad, que nos haga comprender, del modo que Él crea más conveniente, qué camino debemos seguir. Se trata de una oración semejante a la del ciego del Evangelio: «Señor, que vea» (cf. Mc 10,51). Tampoco puede faltar la invocación a la Santísima Virgen María, sobre todo a través del Rosario, para pedirle su intercesión en esta tarea tan trascendental.

           El segundo tipo de oración, la oración de diálogo, consiste en conversar reposadamente con Dios para exponerle la propia vida: temores, sueños, anhelos, dificultades, etc. También ayuda mucho acudir a una iglesia y allí, ante el Sagrario, hablar con Cristo realmente presente en el Santísimo Saramento del altar. ¡Cuánta luz y cuánta fortaleza se obtiene a la luz de esa lamparita roja que nos atestigua la presencia sacramental del Señor!

Además de la oración, es muy útil leer con frecuencia el Evangelio, sobre todo para contemplar el ejemplo de Cristo y tratar de imitarlo en la propia vida. El Espíritu Santo concede muchas luces espirituales por este medio.

           Otro medio es la visión de fe de los acontecimientos. En realidad, todo lo que nos sucede, tanto los acontecimientos más relevantes como los más insignificantes, son por querer o permisión de Dios. Como nos dice Cristo en el Evangelio: no cae en tierra ningún pajarillo sin el consentimiento de Dios» (cf. Mt 10,29). Por ello, ayuda mucho el esforzarse por vivir “en la órbita” de la fe para descubrir qué es lo que Dios nos quiere decir. Las preguntas que podríamos hacernos son: ¿por qué permite Dios que me suceda esto? ¿qué me estará queriendo decir Dios con este hecho?

           Ayuda mucho, además, contar con un director espiritual al que podamos exponer nuestras dudas e inquietudes. La función del director espiritual es, ante todo, ayudar al dirigido a descubrir la voluntad de Dios sobre su vida. Todos corremos el riesgo de caer en el subjetivismo, de deformar las cosas, de autoengañarnos. Como dice el refrán popular: «nadie es buen juez de su propia causa». El director espiritual cuenta además con una especial asistencia del Espíritu Santo. Quede claro, de cualquier modo, que el director espiritual no puede imponer su voluntad sobre el dirigido. No se trata de que me digan “qué debo hacer”, sino que me ayuden a descubrir la voluntad de Dios para que después yo pueda seguirla. El director espiritual sólo muestra lo que en conciencia le parece ser la voluntad de Dios para otra persona, pero es a ésta última –y sólo a ella–  a quien compete tomar una decisión. Dios no quiere amores forzados, sino amores libres, generosos y alegres.

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